El diario de Fernando y Ana. El diario de todos

Domingo. Madrugar. Café. Blog. Tras la cafeína mañanera lo primero que he querido hacer es escribir este post porque aún tengo a flor de piel las emociones que viví ayer en el Gran Teatro Falla de Cádiz. Es una entrada diferente a todas las demás. Esta vez dejo la televisión a un lado (bueno, está algo presente puesto que de quienes voy a hablar tienen mucho que ver con ella) para escribir sobre teatro. No pretendo convertirme ahora en crítica de obras teatrales. Ni mucho menos. De hecho es una de las profesiones que más difícil me parecen. Pero ya que tengo este espacio y siento la necesidad de expresar cómo anoche, durante casi dos horas, me abstraje del mundo gracias a El diario de Adán y Eva, no quiero dejar pasar la oportunidad de hacerlo.

adanyeva

Tenía las entradas compradas desde diciembre. En Cádiz la oferta teatral no es excesivamente amplia y cuando programan alguna obra compro los tickets el primer día que salen a la venta para no quedarme sin disfrutar de la magia del escenario. Cuando me enteré de que Ana Milán y Fernando Guillén Cuervo vendrían al Falla con su producción dije: “Bien, a Cádiz también llegan los buenos”. Han sido cuatro meses de espera para disfrutar de una de las parejas a las que más envidio cuando aparecen en televisión. Como pareja sentimental siempre me transmiten complicidad, amor… Esa admiración mutua que tanto se procesan es increíble. Siempre les he seguido en sus trabajos en cine y televisión y fuera mejor o peor la serie o película en la que ellos actuaban su trabajo era impecable. Cuando las cosas se hacen con pasión se nota. Por eso conforme pasaban los meses mi expectación ante El diario de Adán y Eva aumentaba. Cuando terminó la función la sensación fue indescriptible (y tras unas horas de sueño lo sigue siendo). Superó las expectativas, que ya de por sí eran muy altas. Si como pareja sentimental me encantan, si en sus trabajos por separados los admiro, verlos anoche actuar juntos fue insuperable. Profesionalidad en estado puro. Sentimientos a flor de piel. 

Durante las casi dos horas que dura El diario de Adán y Eva (y que pasan volando, me hubiera quedado horas escuchándoles) están solos en el escenario. Y no hace falta nada más. (Aunque no me puedo olvidar de los que están detrás. La iluminación, el vestuario, el sonido… Impresionantes). Por un lado Ana, dando vida a tres mujeres como solo ella sabe. Con pasión, locura, tesón… Por otro lado Fernando. Magistral. Pasar de ese modo desde Adán, a Felipe en los años 60 y al Felipe actual es de lo mejor que he visto. Pelos de punta. Y cuando se unían los dos con las miradas, los abrazos y los bailes conseguían una atmósfera de película.

Al terminar la función pronunciaron unas palabras. Me quedo con las de Ana. Dijo algo así como “esta obra no es nada sin vosotros, el público, porque la obra no cuenta nada si cada uno de vosotros no lo identifica con momentos de vuestras vidas o con personas que han estado presentes en ellas en algún instante”. Cuánta razón. Cuántos recuerdos gracias a El diario de Adán y Eva. No es la primera vez que me río en un teatro, pero sí es la primera vez que me levanto para aplaudir llorando. De emoción, de los recuerdos que vinieron a mi mente, de cómo en muchos momentos me identifiqué con Eva. Pero a lo que decía Ana de “esta obra no es nada sin vosotros, el público” le falta algo. Esta obra no es nada sin ellos dos. Sin más, gracias Ana, gracias Fernando. 

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