Escondidos: La salvación

¡Buenos días! Como cada lunes aquí os dejo mi Pantalla táctil. En este caso escribo sobre el concierto de OT al que tuve la oportunidad de asistir. ¡De qué forma tan diferente se vivió allí! También podéis leerla en la sección de televisión de los periódicos del Grupo Joly.

Escondidos: La salvación

otreencuentroHA pasado una semana desde el concierto de OT, pero aunque la cobra ya no sea lo más comentado en las redes sociales o incluso en los telediarios no quería dejar la oportunidad de escribir unas líneas sobre un evento al que asistí. Muchos de los espectadores de TVE y otros tantos de los que estuvimos allí coincidimos en que no fue el concierto que se merecían ni la audiencia ni los triunfitos (léase sin tono despectivo, que la intención no es herir sensibilidades). Pero al menos disfrutarlo en vivo y en directo tuvo la salvación de las emociones que se palpaban en el ambiente, que hicieron perdonar algunos fallos imperdonables si se veía por la televisión. La 1 perdió una gran oportunidad de cerrar la segunda etapa de OT 1 por todo lo alto.

No quiero darle mucho bombo a la cobra cuando pienso que ni la hubo (de hecho no me percaté del momento hasta que salí y vi Twitter, allí pasó desapercibido el gesto), pero todavía me pregunto qué hubiera sido del concierto si Chenoa y Bisbal no hubieran aceptado cantar Escondidos. Gracias a la emoción y profesionalidad que transmitieron salvaron un espectáculo en el que lo espectacular brilló por su ausencia. Lo primero que pensé al entrar el recinto fue que el montaje del escenario y los audiovisuales se había quedado corto para un evento musical al que se le había dado tanto bombo y con más de quince mil entradas vendidas. Por presupuesto no sería. Lo mismo ocurrió con el sonido, sobre todo al comienzo del concierto. Durante las primeras canciones se escuchaba más al público que a los cantantes.  Definitivamente no era un concierto pensado para emitirse en televisión. Dejando a un lado los problemas técnicos el principal escollo fue la elección de parte del repertorio y lo cuadriculado que fue el concierto. Daba la sensación de que todos querían cantar en solitario al menos una canción y esto no jugó a favor del buen ritmo del evento. No era una noche para querer protagonismo. Era una noche para recordar canciones como Adoro, It’s raining men o Lucía que faltaron por culpa del egocentrismo de algunos que no han asumido aún que no todos los que salieron de ese concurso son iguales. La ausencia de sorpresas también fue destacable. Nos quedamos con las ganas de ver sobre el escenario a Nina, Ángel Llácer y por qué no a Carlos Lozano presentando cada actuación.

Si por algo volvería a repetir la experiencia fue por el ambiente. Ver cómo varias generaciones se unían de nuevo para disfrutar de uno de los programas de televisión que ha hecho historia ponía los pelos de puntas. Al igual que hace años no faltaron las camisetas, las caras pintadas con los nombres de los cantantes, las lágrimas o las pancartas. Fue como retroceder quince años con algunas novedades como la llegada de la novia de Bisbal mientras muchos gritaban Chenoa o la aglomeración junto a Paula Echevarría cuando llegó a su asiento.  Y repetiría por volver a escuchar Escondidos, eso por supuesto.

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